Hay encuentros que llegan cuando menos los esperas

Hay encuentros que llegan cuando menos los esperas

Hay personas con las que la conversación simplemente fluye.

No sabes muy bien por qué, pero desde el primer mensaje sientes que todo se da con naturalidad.

Eso fue lo que me pasó hace unas semanas.

Una amiga chilena me escribió para decirme que tenía una amiga viviendo en Portugal. Ella también era mamá y pensó que quizás nos haría bien conocernos.

Nos pasó el contacto y empezamos a escribirnos.

Desde el primer mensaje la conversación fluyó muy fácil.

Nos reíamos, hablábamos de maternidad, de cómo era vivir en Portugal, de nuestros hijos… y, sin darnos cuenta, empezamos a descubrir un montón de cosas que teníamos en común.

Fue de esas conversaciones en las que sientes que conoces un poquito a la otra persona, incluso antes de verla.

Así que decidimos juntarnos.

Como Noah todavía necesita respetar bastante sus siestas, ella vino a un parque cerca de mi casa.

Nos sentamos a conversar mientras Noah estaba con nosotras, jugando.

Y fue exactamente igual que por mensajes.

La conversación siguió fluyendo con la misma naturalidad.

Nos reímos mucho, compartimos experiencias y hablamos de todo un poco.

Pero hubo un momento muy simple que se quedó conmigo.

Ella levantó los brazos hacia Noah para invitarlo a ponerse de pie.

Y él, casi de inmediato, intentó levantarse.

Hasta ese momento yo no había visto con tanta claridad esas ganas que tenía de ponerse de pie.

Quizás ella lo notó antes porque ya había acompañado esa etapa con su hijo.

Desde ese día empecé a ofrecerle más esos momentos a Noah.

Y me di cuenta de algo.

Una red de apoyo no solo está para acompañarte.

También puede ayudarte a mirar desde otro lugar.

A descubrir cosas que, estando tan metida en el día a día, quizás todavía no habías visto.

Después de ese encuentro seguí pensando mucho en nuestra conversación.

Tanto, que días más tarde se me ocurrió una idea de proyecto que podríamos hacer juntas.

Se la conté.

Y, para mi alegría, le gustó.

Todavía no sé qué forma va a tomar ese proyecto.

Pero me hizo darme cuenta de algo muy bonito.

A veces una red de apoyo no solo te regala compañía.

También te inspira.

Te abre nuevas ideas.

Te conecta con personas con las que dan ganas de crear, compartir y crecer.

Y pensar que todo empezó porque una amiga decidió presentarnos.

A veces creemos que las redes de apoyo aparecen de un día para otro.

Pero, mirando hacia atrás, creo que empiezan mucho antes.

Empiezan con un mensaje.

Con una conversación que fluye.

Con un encuentro en un parque.

Y con la decisión de abrirle un espacio a alguien que, hasta hace unos días, era una completa desconocida.

Porque a veces no necesitamos más respuestas, sino un nuevo enfoque.

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